Cuando Franz Liszt dirigió Le Comte Ory en Weimar dijo que dicha partitura era burbujeante como el champán y por eso mandó servir botellas de espumoso al público durante el segundo acto. Para su primera ópera en París –y su última buffa- Rossini recicló seis números de Il viaggio a Reims, una ópera que creía que sería difícil volver a representar por su carácter conmemorativo. Así pues aunque hay números exactos –el aria de presentación de Comtesse Adèle es idéntica a la de la Contessa di Folleville de Il Viaggio- el compositor también creó una música excelente, sobretodo en el segundo acto, que combinada con la dicción francesa convierten la pieza en champán.
Precisamente uno de estos momentos exquisitos llega al final, en largo trío A la faveur de cette nuit obscure… J’entends d’ici le bruit des armes y que fue impecablemente servido por tres rossinianos de los grandes: Juan Diego Flórez, Diana Damrau y Joyce DiDonato. Con una línea de canto impecable y un estilo totalmente adecuado los tres llevaron con maestría la función, pero fue en este trío cuando consiguieron un resultado sublime.
Juan Diego Flórez cantó ya el rol en Pesaro en 2003, del que ha quedado una de las pocas grabaciones de Ory. Poco se puede añadir a lo que ya se ha dicho de su siempre impecable interpretación de la música de Rossini. Encarnó un gran Comte Ory: de fraseo elegante, color exquisito, nitidez completa para el agudo y comicidad máxima, sobretodo en la parte en que disfrazado de monja entra al castillo de Comtesse Adèle para seducirla.
Joyce DiDonato también estuvo cien por cien rossiniana, como ya lo ha demostrado en otras ocasiones, sin embargo el rol de Isolier le sienta especialmente bien a la mezzo. Dominó exquisitamente la coloratura y fueron perfectos compañeros con Flórez tanto en lo vocal como en lo escénico.
Completaron el reparto un cómico Stéphane Degout como Raimbaud, Michele Pertusi estuvo correcto como el desesperado Tutor y Monica Yunus se adecuó bien al papel de la estirada Alice. Maurizio Benini hizo una lectura adecuada de la partitura enfrente de la orquesta y el coro del Met, que respondieron bien.Barlett Sher sitúa toda la escena en un teatro de época supuestamente inspirado en el Teatro Farnese de Parma, aunque podría ser cualquier otro. Todo tiene un aire déjà vu de otras producciones de director, algo grave si tenemos en cuenta que debutó hace pocos años en el mundo de la ópera: la soprano tiene su vestido rosa, el tenor su casaca de piel y hay personajes mudos añadidos por él. Todo esto con algunos toques amateurs que resultan totalmente desafortunados en un escenario de las dimensiones del Met. Y aunque la puesta en escena no molesta al desarrollo de la trama, tampoco aporta nada nuevo pues no hay nada en esta pieza que sugiera el recurso de ópera dentro de ópera. El segundo acto funciona mejor y con más comicidad que el primero, algo que se agradece, sobretodo en la escena de las monjas.
Maurizio Benini (dirección musical), Barlett Sher (dirección escénica)
Diana Damrau (Comtesse Adèle), Joyce DiDonato (Isolier), Juan Diego Flórez (Ory), Stéphane Degout (Raimbaut), Michele Pertusi (Tutor), Monica Yunus (Alice).


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