Una de las principales atracciones de la reposición de esta producción de Wozzeck del año 1997 firmada por Mark Lamos era la aparición cada vez menos frecuente del director de la casa James Levine, quien a causa de su delicada salud saludó desde el podio al final como es ya habitual. El director hace sonar la orquesta del Met como nadie más lo hace, con el dominio de quien la conoce a la perfección y firmó una lectura cohesionada, potente e impactante: fueron especialmente abrumadores los fragmentos orquestales y el forte del último hizo retronar literalmente el Met. En manos de Levine, Wozzeck suena menos atonal y con cierto aire melódico.
El maestro contaba en esta ocasión una Marie de lujo encarnada por Waltraud Meier, quien hizo una gran interpretación del personaje. A nivel vocal su voz estuvo siempre bien colocada sin dejar de ser expresiva e incluso en las notas más extremas, nunca perdió la colocación y no cayó en el grito. A esto hay que sumar un claro fraseo e impecable dicción.
Alan Held substituyó en el papel de Wozzeck a Matthias Goerne, que tuvo que someterse a una intervención quirúrgica. Held jugaba con ventaja pues ya había encarnado el rol en la misma producción y el mismo teatro en 2005 y no estuvo para nada a la sombra de Goerne. Su corpulencia dotó Wozzeck de una gran y fuerte presencia escénica a la que hay que añadir una buena y adecuada potencia vocal.
Walter Fink fue un doctor de canto adecuado e importante presencia. Muy bien el resto del cast con una adecuación estilística que también contribuyó al éxito. La puesta en escena una de las más minimalistas y rompedoras del Met, sobretodo si se tiene en cuenta el año en que fue ideada. La regia consiste básicamente en dos paredes negras que van tomando formas y que, junto un gran juego de luces, dan un efectista resultado.
Alan Held substituyó en el papel de Wozzeck a Matthias Goerne, que tuvo que someterse a una intervención quirúrgica. Held jugaba con ventaja pues ya había encarnado el rol en la misma producción y el mismo teatro en 2005 y no estuvo para nada a la sombra de Goerne. Su corpulencia dotó Wozzeck de una gran y fuerte presencia escénica a la que hay que añadir una buena y adecuada potencia vocal.
Walter Fink fue un doctor de canto adecuado e importante presencia. Muy bien el resto del cast con una adecuación estilística que también contribuyó al éxito. La puesta en escena una de las más minimalistas y rompedoras del Met, sobretodo si se tiene en cuenta el año en que fue ideada. La regia consiste básicamente en dos paredes negras que van tomando formas y que, junto un gran juego de luces, dan un efectista resultado.
James Levine (director musical), Mark Lamos (dirección escénica)
Waltraud Meier (Marie), Alan Held (Wozzeck), Walter Fink (doctor)


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