jueves 1 de diciembre de 2011

Faust, 128 años y 734 funciones más tarde


Desde que el 22 de octubre de 1883, día en que el Metropolitan abrió su primera temporada con Faust, han hecho falta 734 funciones de la ópera para que la compañía pusiera en escena una producción que no sea cien por cien à la lettre. La nueva producción proveniente de la English National Opera y firmada por Des McAnuff, consistente en austero negro y metal, contrasta con la anterior producción a lo Walt Disney firmada por Andrei Serban en 2005. 

Y aunque haya algunos detalles discutibles, la nueva producción funcionó bien con un concepto definido: Faust es, en esta montaje, un científico y toda la acción pasa en los cuatro muros de su laboratorio, donde vuelve al final de la ópera y muere. McAnuff ambienta la senectud del doctor en la II Guerra Mundial –en la que fabrica bombas nucleares- y su juventud en la I Guerra Mundial con soldados volviendo de la guerra con tics nerviosos. Margarite pasa buena parte del tercer acto embarazada y el público presencia el infanticidio mediante ahogamiento. Aunque pase todo en un laboratorio, es un tanto discutible que el coro de la iglesia y el coro de ángeles lo cante un grupo de científicos de bata blanca (¿es la ciencia la salvación?). También discutible es que al principio del quinto acto estalle la bomba nuclear (¿vuelven en el quinto acto a los años cuarenta?), así como las proyecciones un tanto kitsch de la cara de Marguerite-Poplavskaya a tamaño gigante en el telón durante los entreactos e inicio de cada acto. 

Se agradece que Méphistophélès no lleve ni plumas ni cuernos sino que sea un corrupto y elegante señor de sombrero y bastón, sobretodo si se tiene al espléndido René Pape en el rol. El bajo tiene toda la gracia y picardía necesaria para el papel, que en la ópera de Gounod tiene un aire señorial y con un punto chulesco. Estuvo perfecto a nivel vocal y escénico. También fantástico estuvo Jonas Kaufmann sacando partido de su voz amplia, viril y versátil sin algunos amaneramientos ni trucos de otras veces. También él estuvo inmejorable a nivel escénico formando un óptimo tándem con Pape. 

A la espléndida presencia actoral de Marina Poplavskaya no le acompañó la voz, que mostró visibles tiranteces en los agudos como quedo patente en el aria de las joyas. Hay que recordar que Poplavskaya sustituyó a Gheorghiu pues ésta presenció una espantada de las suyas a principio de temporada. Russell Braun abordó dubitativamente su aria “Avant de quitter ces lieux” aunque mejoró en la escena de la muerte. Muy destacable el Siebel de Michèle Losier y bien la Marthe de Wendy White.


Yannick Nézet-Séguin sabe sacar lo mejor de la estupenda orquesta del Met y, como hace dos temporadas en Carmen, demostró que domina a la perfección el repertorio francés. 




Yannick Nézet-Séguin (dirección musical), Des McAnuff (dirección escénica)
Jonas Kaufmann (Faust), Marina Poplavskaya (Marguerite), René Pape (Méphistophélès), Russell Braun (Valentin), Michèle Losier (Siebel), Wendy White (Marthe).